viernes, 6 de noviembre de 2009

El resplandor de la noche


Despertó sobresaltada, miró el reloj que estaba en el buró junto a su cama, eran las 6:00 de la tarde.
-¡vaya!- dijo para sí- debo haber dormido toda la tarde, me duele la cabeza.
Bajó inmediatamente las escaleras y cerró la puerta de su habitación con llave. Cenó un poco de pan tostado con mermelada, se encontraba caminando rumbo al comedor con el plato en las manos, cuando vio un resplandor extraño en el pasillo y la figura de un hombre, aparentemente joven, rondando cerca de 17 años, pero con orejas puntiagudas y ropas de manta. Se acercó lentamente para verificar lo que veían sus ojos, pero el hombre desapareció. No le tomó importancia y después de cenar se fue a dormir. Al despertar por la mañana vio que había un reguero de comida esparcida por todos lados, le pareció extraño, porque ella había dejado la mesa perfectamente limpia la noche anterior.
-¡Dios mío!- gritó espantada- ¡Han entrado a robar a mi casa!-. Desesperada revisó todos los cajones, libreros, mesas y demás cosas, sólo para darse cuenta de que todo estaba en su lugar. Un poco más tranquila, se bañó y se arregló para asistir al colegio.
En el receso, Beatriz (así se llamaba la chica) le comentó su experiencia a Ismael, su más cercano amigo.
-¿Un hombre joven y de orejas puntiagudas?- le preguntó con asombro y brillo en los ojos.
-Sí, y lo más extraño es que desapareció cuando me acerqué a él- dijo Beatriz.
-Creo que ya se de que se trata- contestó Ismael- se trata de: un elfo.
-¿Un elfo, como va ser eso posible, Ismael? Vivimos en Ahome, un municipio urbanizado.
-Sí, pero me has dicho que la casa en la que vives está en lo que solía ser un bosque.-
-sí-.
-Bien, los elfos suelen habitar los bosques, según lo que me ha dicho mi abuelo Melitón, si un humano llega a invadir territorio bel bosque , lo fastidian desordenándole la casa a uno o desapareciendo cosas, como en tu caso.
-Bien, ¿y cómo lo ahuyentó?-.
-Debes conseguir un poco de agua bendita, y prender veladoras en la noche, ellos odian todo lo relacionado con dios y la luz-.
-Sí, pero tengo miedo-.
-Yo te ayudaré, me quedaré contigo en tu casa mientras logras que ese elfo se vaya-.
-Gracias- dijo Beatriz, y sellaron ésta alianza con un apretón de manos que puso de color rojo sus morenas mejillas.
Esa noche, al llegar del colegio, entraron en la casa y encendieron velas y rociaron con agua bendita las paredes de la casa, pero sin resultados. El elfo apareció, y cuando intentaron atraparlo, desapareció. Al día siguiente, encontraron los muebles desvalijados y las lámparas rotas.
Volvieron a hacer lo mismo todas las noches al llegar del colegio, sólo para que el elfo apareciera y desapareciera por las noches, destrozando la casa, continuando el infierno para ambos.
Al cabo de un mes, cuando a media noche realizaban el ritual habitual, observaron al elfo, éste no desapareció, sólo se quedó inmóvil, Beatriz e Ismael lo apreciaron por espacio de diez minutos, media 1.70 metros, tenía el cabello negro y rizado, ojos color de miel, piel blanca, orejas puntiagudas y portaba una serie de amuletos engarzados en sus ropas de manta. Los cabellos castaños de Beatriz se erizaron de espanto, y sufrió un breve temblor en todo el cuerpo, Ismael palideció y sus ojos tomaron un brillo extraño. Entonces el elfo desapareció.
A la mañana siguiente encontraron toda la casa en orden, y una inscripción escrita en cahíta en una de las paredes: ¡Mixtlai!, la tradujeron al castellano con ayuda de un chamán que vivía cerca del bosque. le contaron todo lo que había ocurrido durante el mes y como el duende aparecía y desaparecía, desvalijando toda la casa mientras dormían.
-Significa: váyanse de este lugar, por lo que me han dicho este elfo quiere que abandonen este lugar, pero no se preocupen, la magia de los elfos ha perdido fuerza desde que la gente de estos alrededores ya no cree en ellos, sus amenazas no le sirven de nada, sólo váyanse un año. Ya verán como cuando regresen no volverán a sufrir, y dicho esto pronunció unas palabras en cahíta para bendecir el lugar.
Se fueron de la casa. Regresaron al cabo de un año. Ismael y Beatriz se casaron, se quedaron a vivir en la casa y vivieron en ella durante 50 años sin volver a mirar al extraño elfo que producía el resplandor de la noche.
Autor:
Gema González.